Hoy, aprovechando el clima templado en la región de los Increíbles 33 Mineros, decidí salir a caminar, me impresionó que en una pequeña playa situada en la ciudad de Caldera, habían pocas huellas marcadas en la arena, a pesar que en mis rutinarios paseos siempre veo gente disfrutando del mar, gente que aumenta mucho los fines de semana, recordé que en la noche el viento a veces sopla fuerte y así borra las huellas como un gran pizarrón.
Quise caminar lo más cercano al mar, jugar a evitar mojar mis zapatos con el oleaje, y empecé a ver que el viento no borra todo, y más triste aun, oculta bajo la arena los restos del ser más “inteligente” que vive sobre la tierra.
Es increíble como uno puede saber por donde ha pasado una persona, si vas al campo y caminas siguiendo el río, encontraras un sinnúmero de “lindos” recuerdos de cada visitante, aquellos adornos que muestran nuestra bella cultura de cuidar nuestro planeta, que al final de cuentas es nuestro hogar, el único que tenemos.
Como no encontrar la típica lata de cerveza o bebida, algunas con su forma original y otras, en algún acto de compasión por el planeta, aplastadas para que ocupen menos espacio, pero esas latas se sentirían tristes si no están acompañadas por la infaltable cajetilla de cigarros, adornada en su entorno con las colillas (algunos las entierras, quizás esperan que salga un árbol de cigarro), también están las bolsas hechas de un material tan amigable con el ambiente que solo se demoran 150 años en degradarse. Y que seria de una vista a la vida natural sin las botellas de plástico, que algunos niños usan como pistolas de chorro para jugar a mojarse y después quedan acompañando a los árboles, plantas y algunos animalitos (esos pocos que aun se pueden ver fuera de un zoológico), así podría seguir nombrando muchos artículos que le dejamos de recuerdo a la madre naturaleza, porque de una u otra forma siempre que estamos en un lugar el registro de nuestra visita queda.
Pero yo estaba contando de mi paseo por la playa y lamentablemente encontré los mismos souvenir que nombre antes.
Lo que mas me llamo la atención en mi caminata es que algunas personas estaban sentadas en la arena mientras una bolsa llena de basura descansaba en medio de la playa. Yo caminé, la miré y me decidí a recogerla pero, un perro encontró que esa bolsa tenía su comida del día y la destrozó, repartiendo restos por todo el lugar, algunos pedazos se convirtieron en parte del mar, otros simplemente entraron al estomago de aquel animal. Yo me quede pensando ¿Cuántas veces uno piensa en hacer lo correcto, pero lo piensa tanto que al final no hace nada?, así que mientras las pocas personas que aun estaban en la playa me miraban como un extraterrestre, agarre los restos caminé al basurero mas cercano, aproveché mi impulso de conciencia y recogí algunas latas de cerveza, botellas, papeles y un par de cajetillas de cigarro. Todo este conjunto de basura lo arrojé donde pertenecen, al basurero, luego me limpié las manos con un pañuelo desechable y tome rumbo a casa.
Pensar en todo los desechos que dejamos en cada lugar que vamos, me provoca culpa e impotencia, porque si recojo algo de basura un día se que mi aporte será casi nulo, a menudo esa impotencia genera la conformidad y la inactividad, pero un grupo de buenas personas una vez me enseñaron que “hay que dejar este mundo mejor de cómo lo encontramos” y cada vez que recojo de la calle un papel, una colilla de cigarro, una bolsa, una botella, una lata, etc. y lo dejo en un basurero, intento honrar esa enseñanza, a pesar de las risas, a pesar de las miradas y las burlas, siempre en mi incredulidad he confiado en el ser humano, y espero que las generaciones de mañana puedan disfrutar lo que nosotros tuvimos el pacer de ver y disfrutar.
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